viernes, 20 de mayo de 2011

Densidad de Médicos, Atención Primaria de la Salud, y Mortalidad


Dos de las cuestiones más importantes a resolver en el diseño de un sistema de salud son: primero, la relación entre cantidad de médicos y resultados de salud; en segundo lugar, las alternativas de organización del sistema de atención, y esos mismos resultados sanitarios. En principio existe una cierta relación entre disponibilidad de médico y utilización del servicio o mejor nivel de salud poblacional. Además, se ha observado que un sistema completo y robusto de atención primaria de la salud se asocia con caída de la mortalidad de la población.

Repercusión del Recurso Humano en Salud sobre el sistema

Una investigación[1] testeó la intensidad y significación de la densidad poblacional de recurso humano en salud sobre la situación sanitaria de la población. Las variables de resultado para indicar el nivel de salud de la población fueron mortalidad infantil, mortalidad materna, y mortalidad en menores de 5 años, para cada país. Como predictores se utilizaron la densidad de médicos y enfermeras en la población. El análisis se controló para los efectos del ingreso, los niveles de educación materna, y el nivel de pobreza. Efectivamente la densidad de médicos en la población influye significativamente sobre la mortalidad materna, infantil, y la mortalidad en menores de 5 años, de los países. Los autores concluyeron que la densidad de recurso humano en salud es importante para interpretar la diferencia de mortalidad materno-infantil que se observa entre los países del planeta. El principal efecto se encuentra en relación con la mortalidad materna, y esto se atribuye a la profesionalización del cuidado del embarazo y parto, que requieren altos niveles de profesionalismo.

Atención primaria de la salud

La estrategia de Atención Primaria de la Salud fue iniciada por la Organización Mundial de la Salud en su conferencia de Alma-Ata en el año 1978, y redefinida en su reporte anual del año 2008. Consiste en la provisión de una serie de servicios de salud integradoras de todas las políticas que de manera directa o indirecta contribuyen al bienestar de las personas y comunidades. Es el primer nivel de atención, y asiste a la mayor variedad de problemas, todos ellos en sus estadios evolutivos iniciales; filosóficamente consiste en “poner a la gente primero”[2] en el diseño y ejecución de políticas sanitarias.
A pesar de la variedad de formas específicas que los modelos de atención primaria adoptan de acuerdo a los diversos contextos[3], atención primaria de la salud podría ser definido como una estrategia de organización del sistema de salud basada en un nivel de atención médica y provisión de servicios de salud que actúa como puerta de entrada para todos los nuevos problemas y necesidades de salud de la comunidad, se focaliza en la persona y no en la patología, está diseñado para prolongar los cuidados a lo largo del tiempo con criterio sistémico, y busca equidad y eficiencia para el sistema global[4].
Hay estudios que demostraron que la presencia de médicos de atención primaria mejora la sobrevida y el estado de salud global de la comunidad. En un estudio se analizó la contribución del sistema de atención primaria de la salud de un país, a una serie de indicadores de salud, en 18 naciones pertenecientes a la OECD[5]. La asociación entre desarrollo del sistema de atención primaria de la salud y menor mortalidad general fue independiente del PBI per cápita de los países estudiados, el número total de médicos cada millar de población, y el número de visitas ambulatorias al médico.
En este sentido, la promoción de estrategias de atención primaria de la salud parecen ser útiles para reducir la mortalidad, especialmente en grupos de bajos ingresos[6]. En un estudio realizado en Estados Unidos se observó que la mortalidad de la población depende, entre otras cosas, de la estrategia de atención primaria en cada Estado. La influencia de la estratégica de atención primaria sobre la mortalidad fue independiente de las diferencias socioeconómicas y de la cantidad de médicos disponibles en la población. Esto refuerza la idea de que la forma de organizar el sistema es tanto o más importante que el aspecto simplemente cualitativo.
Los elementos estructurales que caracterizan a los sistemas de atención primaria de la salud son: (1) tipo de financiamiento de la salud (impuestos, seguridad social, o gasto de bolsillo); (2) distribución de recursos (grado de correlación entre recursos y necesidad; (3) médicos debidamente entrenados en atención primaria y accesibles; (4) accesibilidad de los servicios médicos de atención primaria para los pacientes; (5) longitudinalidad, vale decir, la organización del sistema a lo largo del tiempo para brindar cuidados a lo largo de todas las etapas del proceso de cuidados; (6) el contacto de primera mano entre paciente y médico; (7) el foco en los aspectos comunitarios de la práctica médica; y por último (8) la orientación hacia el núcleo familiar[7]. Estos atributos han mostrado caracterizar con bastante exactitud los sistemas de salud en su estrategia de atención primaria, y han permitido diseñar herramientas de evaluación[8].

Situación en la Argentina

La Argentina cuenta con 193 habitantes por cada médico. Esto es más del doble de lo recomendado, o a lo observado en otros países. En los países de la OECD, por ejemplo, se cuenta un médico cada 330 habitantes[9]. Sin embargo, la distribución de profesionales es extremadamente asimétrica.




















Para que nos demos una idea, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires posee de 7 a 10 veces más médicos por habitante que Chaco, Corrientes, Santiago del Estero, Misiones, Jujuy, o Salta. Esta diferencia en la distribución del recurso humano se correlaciona estrechamente con la mortalidad, especialmente con la mortalidad materna por cada una de las jurisdicciones.


Si se grafican en conjunto ambas variables, densidad de médicos y mortalidad materna, se observa que efectivamente aquellas provincias con mayor número de habitantes por médico son además las que exhiben mortalidad materna más elevada. En este sentido los datos nacionales confirman aquello que venía expresado en la literatura internacional discutido más arriba.

Conclusiones

De acuerdo a las investigaciones la densidad de profesionales médicos en la población constituye un determinante de la mortalidad de los países, especialmente de la mortalidad materna. De todos modos no sólo es relevante la densidad de médicos sino que también importa el nivel de organización de un robusto sistema de atención primaria de la salud. En la Argentina la densidad de profesionales correlaciona bastante bien con la mortalidad materna de las provincias, hecho que se condice con lo reportado por las investigaciones internacionales.
Una estrategia de recurso humano en salud para nuestro país debe incluir, entre otros, dos ingredientes fundamentales, a saber: redistribución de los médicos hacia las zonas donde el profesional escasea, y robustecimiento de una sólida estrategia de atención primaria de la salud.



[1] Sudhir Anand, Till Bärnighausen. Human resources and health outcomes: cross-country econometric study. Lancet 2004; 364: 1603–1609
[2] WHO Regional Office for South-East Asia and WHO Regional Office for the Western Pacific. People at the centre of health care: harmonizing mind and body, people and systems. Geneva, World Health Organization, 2007.
[3] Yann Bourgueil, Anna Marek, Julien Mousquès. Three models of primary care organization in Europe, Canada, Australia and New-Zealand. QdS, n° 141 - April 2009
[4] The Johns Hopkins Primary Care Policy Center (PCPC). Definitions. http://www.jhsph.edu/pcpc/definitions.html
[5] James Macinko, Barbara Starfield, and Leiyu Shi. The Contribution of Primary Care Systems to Health Outcomes within Organization for Economic Cooperation and Development (OECD) Countries, 1970–1998. HSR: Health Services Research 2003; 38, (3): 831-865
[6] Shi L, Starfield B, Kennedy BP, Kawachi I. Income inequality, primary care, and health indicators. J Fam Pract 1999;48:275-84.
[7] Shi L, Starfield B, Xu J. Validating the Adult Primary Care Assessment Tool. J Fam Pract 2001;50:161W,175W
[8] Pasarin MI, Berra S, Rajmil L, Solans M, Borrell C, Starfield B. A tool to evaluate primary health care from the population perspective. Aten Primaria 2007;39:395-401.
[9] OECD Economic Data 2009, OECD

domingo, 15 de mayo de 2011

Juan Domingo Perón y la Felicidad del pueblo

En los últimos años han ganado dominio público las conclusiones de un trabajo de Redelmeier acerca de las influencias del estado socioeconómico en la mortalidad general. Los estudios fueron muy impresionantes porque se hicieron sobre ganadores de Oscar’s de la Academia de Hollywood. El autor observó que aquellos que ganaron un Oscar en su vida como actores presentaron menor mortalidad anual que los que no habían resultado galardonados (1). La conclusión fue que el éxito en la vida sería una condición para una vida más larga.   

MG Marmot, de la London Medical School, en un estudio publicado en 1996, había ya probado que la influencia de las variables socio-económicas sobre la mortalidad se extiende más allá del momento de la jubilación de una cohorte que estudiara previamente en 1970 (2). En aquella cohorte de 1970, el nivel del empleo y la posesión de un automóvil habían demostrado afectar fuertemente la mortalidad en los ingleses de entre 40 y 69 años; ésta fue más elevada para las personas con trabajos de menor jerarquía y nivel socioeconómico más bajo. En su estudio de 1996 la pregunta fue si el mismo fenómeno se observaría luego de la jubilación, momento en el cual estas variables deberían competir con los factores biológicos propios de la vejez. Luego de la jubilación las diferencias de mortalidad se atemperan, de manera independiente de la edad; es decir, el nuevo estatus socioeconómico de “jubilado” agregaría menos mortalidad a la edad que el estado de asalariado mal pago en un puesto no jerárquico. Ahora bien, el tipo de trabajo realizado durante la edad activa siguió influenciando la tasa anual de mortalidad en la vejez, más allá de los 69 años. Los autores concluyeron entonces que: las diferencias de mortalidad asociadas al estatus socioeconómico y la situación laboral son muy fuertes, y persisten, aunque morigeradas, más allá de la jubilación; y en segundo lugar, que las diferencias de mortalidad se reducen luego de la jubilación.
Las explicaciones son múltiples, pero la verdad es que “la asociación entre el estado socioeconómico y la sobrevida es enigmático”(3). Redelmeier y Singh, de Toronto, estudiaron la asociación entre tasa anual de mortalidad y el hecho de haber obtenido un premio de la Academia, entre guionistas de Films. Utilizaron una cohorte retrospectiva de 850 escritores que habían sido nominados par un premio de la academia. En general, los ganadores de un premio de  la academia son más exitosos: sus carreras duran u 14% más que la contrapartida, producen 34% más de películas, y estas son más populares, y además obtienen mayor número de  nuevas nominaciones. Sin embargo y contra lo esperado según el estudio previo, aquí, la mortalidad fue consistentemente mayor para los ganadores. El resultado es intrigante; en esencia, ganar un Oscar por actuar películas se asocia a mayor expectativa de vida, y ganarlo por escribir el guión, con menor. Los autores concluyen que, el mayor éxito puede llevar a una peor salud en algunos grupos, y a una mejor en otros.
Ahora bien, como ha demostrado una investigación realizada por Arthur Stone, la felicidad o autosatisfacción frente a la vida, ha demostrado aumentar luego de los 40 años de edad, y se hace máxima en la vejez (5). En la mitad de la vida ella se encuentra en su punto más bajo. Este hecho ha llamado la atención del periodismo internacional (6).
La cuestión de la felicidad posee un interés particular para las sociedades, y en este sentido se ha investigado acerca de las causas de altos niveles de autosatisfacción y felicidad en los países. El impresionante estudio de Inglehart (4) mostró que los niveles de autosatisfacción, conformidad con la vida, y felicidad, tenían que ver con tres factores fundamentales de los países: que poseyeran un cierto grado de desarrollo económico, el nivel de apertura democrática, y altos niveles de religiosidad. Es importante que mayor dinero no fue una condición de mayor felicidad, sino que los factores de libertades cívicas y espiritualidad eran más determinantes. Una investigación realizada por Fowler y colaboradores, confirmó luego que uno de los factores determinantes en la felicidad de las personas, es que compartan una red social donde otros son felices a su vez. En conclusión, la felicidad del pueblo, como decía Perón, parece ser un requisito indispensable de la felicidad individual.
1)-Redelmeier DA, Singh SM. Survival of Academy award winning actors and actresses. Ann Intern Med 2001; 134: 955-962
2)-Marmot MG, Shipley MJ. Do socioeconomic differences in mortality persist alter retirement? 25 year follow-up from the first Whitehall study. BMJ 1996; 313: 1177-1180
3)-Redelmeier DA, Singh SM. Longevity of screenwriters who win an academy award: longitudinal study. BMJ 2001; 323: 1491-1496
4)-Ronald Inglehart, Roberto Foa, Christopher Peterson, Christian Welzel. Development, Freedom, and Rising Happiness. A Global Perspective (1981–2007). Perspectives on Psychological Sciences 2008; 4 (3): 264-285
5)-Arthur A. Stone, Joseph E. Schwartz, Joan E. Broderick, Angus Deaton. A snapshot of the age distribution of psychological well-being in the United States. PNAS, 17 May 2010
6)-Age and happiness. The U-bend of life Why, beyond middle age, people get happier as they get older. The Economist, Dec 16th 2010
7)-James H Fowler, Nicholas A Christakis. Dynamic spread of happiness in a large social network: longitudinal analysis over 20 years in the Framingham Heart Study. BMJ 2008;337:a2338

miércoles, 11 de mayo de 2011

Educación materna y Mortalidad Infantil


Mucho se ha escrito acerca de la influencia que tiene la escolarización sobre la salud de las personas. El caso de la salud materno-infantil es de particular relevancia. Si bien ha sido consistentemente demostrado que el nivel educativo de las mujeres repercute fuertemente sobre la mortalidad infantil, las causas no han sido aclaradas aún.

Educación materna y mortalidad infantil

Gran parte de la mortalidad infantil depende de la educación materna[1]. Un estudio recientemente publicado con el apoyo de la Fundación Bill y Melinda Gates[2] en el cual se comprueba para 175 países, la Argentina incluida, que el nivel educativo de las mujeres explica la mitad de la mortalidad en niños menores de 5 años de edad. La otra mitad se debe a pobreza, disponibilidad de servicios médicos, y enfermedades prevalentes. Además, cada año que se incrementa la escolaridad promedio de las mujeres en edad fértil, la mortalidad en niños menores de 5 años se reduce un 10% (Figura 1).
Este trabajo confirma hallazgos de un sinnúmero de estudios previos en los cuales se observó un fenómeno muy parecido.

















Educación materna y embarazo saludable

Un estudio recientemente publicado[1] demuestra las mujeres utilizan los servicios de salud indispensables para la reducción de la mortalidad infantil, en estricta relación con su situación socioeconómica. Se han definido las tres “E” de la salud materna, como “economía”, “educación”, y “empoderamiento”. El citado trabajo demuestra que la tasa de visitas prenatales al obstetra (Figura 2), o la atención del parto por personal debidamente entrenado (Figura 3), varían según las mujeres se ubiquen en el quintilo de mayor o menor ingreso, nivel educativo, o nivel de empoderamiento (autonomía, capacidad de decisión, y otros parámetros).









Este problema de las influencias del nivel educativo sobre la mortalidad infantil cobra enorme relevancia en nuestro país, debido a que según datos de la Encuesta Permanente de Hogares, 34,3% de las mujeres tiene escuela primaria o menos, y el 64% de las argentinas, según el Censo 2001, no completó sus estudios más allá de un secundario incompleto (Figura 4). En el interior del país la situación educativa de la mujer es peor aún. Poseen menos estudios que un secundario el 73% de las mujeres en Formosa y el 76% de las de misiones.














En este contexto, si bien no resulta sencillo medir la relación entre nivel educativo y utilización de los servicios de salud, analizando los datos provistos por la encuesta nacional de factores de riesgo del año 2005, se observa, para las mujeres del conurbano bonaerense, que la proporción de ellas que alguna vez se realizó una mamografía es menor cuando se trata de alguien que tiene menos que un primario completo, en comparación con mujeres con primario completo o más (Figura 5). 









Esta diferencia en la utilización de una práctica de salud tan esencial para la mujer adulta como ser la realización de al menos una mamografía en la vida, muestra claramente que el nivel educativo posee influencias en la utilización de los servicios de salud en el caso de las mujeres.

Como conclusión, se puede decir que aumentar el nivel educativo de las mujeres constituye una medida probadamente efectiva para aumentar la utilización de los servicios médicos para la mujer, y que ha demostrado reducir la mortalidad infantil.

[1] Ahmed S, Creanga AA, Gillespie DG, Tsui AO (2010) Economic Status, Education and Empowerment: Implications for Maternal Health Service Utilization in Developing Countries. PLoS ONE, 5(6): e11190. 

[1] John C. Caldwell. Mortality in relation to economic development. Bulletin of the World Health Organization 2003, 81 (11)
[2] Emmanuela Gakidou, Krycia Cowling, Rafael Lozano, Christopher J L Murray. Increased educational attainment and its effect on child mortality in 175 countries between 1970 and 2009: a systematic analysis. Lancet 2010; 376: 959–74

martes, 10 de mayo de 2011

Política y Organización


Para Aristóteles la comunidad humana encuentra dos fundamentos: el placer, y los beneficios de la cooperación. Cuando el griego define a lo político dice dos cosas centrales. La primera, que “…el hombre es por naturaleza un animal político, y, por eso, aun sin tener necesidad de ayuda recíproca, los hombres tienden a la convivencia”[1]. Es decir que lo político es una característica propia de un conjunto de acciones que sólo surgen de la convivencia en comunidad, y el hombre tiende a esto naturalmente, por el simple hecho de ser hombre. Preferimos vivir juntos por una especie de placer encontrado en la convivencia. Los hombres “…se reúnen por el mero vivir, y constituyen la comunidad política”, concluye el autor. Lo segundo que dice Aristóteles es que a los hombres, “…también la utilidad común los une, en la medida en que a cada uno le impulsa la participación en el bienestar”. Vale decir que los hombres forman comunidades porque esto es mejor a los efectos de conseguir todo aquello relacionado con una vida feliz; el máximo bien se obtiene por la cooperación, luego se busca vivir en comunidades.
El centro del cual surgen ambas acciones, placer de la convivencia y búsqueda de cooperación, es la “politicidad” humana. Me parece interesante avanzar entonces sobre una definición de “politicidad”, entendiendo esta como aquella característica inherente al hombre según la cual tiende a actualizar acciones políticas, así como la sexualidad es el núcleo desde el cual un individuo expresa acciones sexuales, la corporeidad, el eje desde donde emanan acciones corporales, o la “religiosidad”, resulta la propiedad de un ser capaz de actos religiosos.
Hasta aquí el intento de definición podría parecer tautológico; pero en realidad, las acciones políticas fueron reunidas en los conceptos de placer por la convivencia y búsqueda de cooperación, luego la politicidad no es otra cosa sino el origen de ambas en sus aspectos grupales. Las acciones políticas son todas aquellas tendientes a cooperar y a convivir (en el sentido del placer de estar juntos); presuponen entonces un grupo, tienen lugar exclusivamente en el seno de un conjunto de seres humanos, y determinan una cierta unidad, una cierta coordinación, un comportamiento particular del conjunto humano, que se conoce con el nombre de “comunidad”. Y la comunidad es un conjunto de individuos organizados; en el caso del hombre, organizados para conseguir los beneficios de la convivencia, la felicidad, y de la cooperación, el bienestar. La politicidad humana es esa característica propia que hace que tendamos a cooperar para conseguir nuestros fines, y a convivir en aras de ser felices.

Desde ambos puntos de vista entonces, tanto desde la perspectiva de la convivencia placentera como desde la cooperación, la política es la organización de la vida colectiva en torno a la consecución de ese bien fundamental genéricamente denominado felicidad humana. Felicidad que surge del simple convivir, como hemos dicho, del placer de estar juntos, y del cooperar, del acto colectivo destinado a conseguir un bienestar inalcanzable mediante iniciativas individuales aisladas, pero imprescindible para la plenitud de la vida. En esta organización del colectivo humano en torno de ambos fines descriptos reside la esencia de la politicidad humana.

Qué es organizar

Ahora bien, organizar significa sacar de acciones diversas ejercidas por agentes individuales diversos, un resultado propio de la agrupación y distinto de los resultados de las acciones particulares tomadas separadamente. Retomando entonces lo dicho antes acerca de la politicidad, la política, actuar políticamente, hacer política, será algo así como desplegar o actualizar una serie de acciones vinculadas a la toma de decisiones que los hombres hacen, y que son capaces de generar en los individuos del grupo una serie de actos particulares que redundan en un fin colectivo propio del conjunto, y distinto de los efectos de cada acción individual aislada. Este resultado comunitario es el motivo de la misma vida colectiva organizada, y no persigue otra cosa que la felicidad humana, la cual necesita de la acción comunitaria en virtud del placer de la convivencia, y por las propiedades únicas de la cooperación a la hora de propiciar el bienestar (hay bienes que sólo se obtienen a través del esfuerzo conjunto organizado).

Política es organización de hombres libres

Pero a su vez hay un elemento diferenciador en las comunidades humanas que hace que, contrariamente a los otros colectivos animales, determine el nacimiento de lo político. Este elemento diferenciador es la libertad. Expresa Aristóteles que “…el gobierno político es sobre hombres libres e iguales…”[2], para diferenciarlo del gobierno despótico, que es el ejercido sobre inferiores y sometidos. Si los individuos a organizar son libres, entonces el esfuerzo organizacional, tanto para convivir en paz como para cooperar para el bien, se denomina político. Luego la política es la actividad humana tendiente a organizar una comunidad que se somete a un tipo especial de comando o principio organizador, diferente de la simple fuerza, o de la acción y reacción; este principio organizador es un elemento nuevo y distinto: lo político. Lo propio del mando político sobre el subordinado es que éste último interioriza el mandato; vale decir, advierte la intencionalidad del mismo en orden a su propio fin de felicidad. Y en consecuencia obedece. Por ello no se trata de una imposición liza y llana. Y dado que las acciones se especifican por sus fines, así entendemos que es cortar porque concebimos que sea algo cortado, un grupo humano de seres libres orientado a la consecución de sus fines de convivencia placentera y cooperación permite comprender la naturaleza de la acción política. Llámase “política” a toda acción ejercida por un ser humano, tendiente a colaborar de una u otra forma dentro de un grupo de individuos libres, para que convivan placenteramente y consigan la felicidad por la cooperación.

Hay jerarquías de organización

Estas acciones políticas poseen niveles de subordinado, como votar o pagar impuestos, y otros de comando, como legislar o impartir justicia. Pero en ambos casos se trata de acciones orientadas al mismo fin comunitario: la felicidad, surgida de la convivencia y de la cooperación; luego en ambos casos se trata de acciones políticas. La jerarquía en realidad viene dada por una cuestión de magnitud: cuánto afectan las acciones políticas de un individuo determinado a la organización colectiva; y de calidad: no es lo mismo guiar, ordenar, que seguir, y obedecer. En este interjuego de actores con diferente posición relativa respecto de la organización social, las acciones políticas poseen diferentes tipos: conquista del poder, contienda electoral, mantenimiento del orden público, lealtad al superior político o a las propias ideas de organización, debate de asuntos públicos, cooperación con el orden ciudadano, defensa de la libertad individual y colectiva, y muchas otras.
Nótese que no hemos hablado hasta aquí de “bien” y “mal”, y no lo haremos por ahora. Nos hemos referido a “felicidad”, un término suficientemente amplio como para que se lo entienda dotado de elementos objetivos (bienes exteriores, salud, educación), en una concepción clásica, o bien como una experiencia enteramente subjetiva (satisfacción). A esta altura del debate no hacen falta mayores precisiones. Sea como sea, la necesaria vinculación al todo comunitario nos libra de por sí de los excesos con que un individualismo desbordado pudiera querer entender los términos de “su propia felicidad”. Aquí se habla de felicidad comunitaria; y en este contexto siempre hay una referencia objetiva, que si no se quiere aceptar provenga de la “naturaleza humana”, al menos habrá que aceptar como impuesta por la “felicidad del otro”.

Conclusión

Los seres humanos vivimos juntos porque lo deseamos (placer de la convivencia), y porque nos conviene (beneficios de la cooperación). La procuración de ambas finalidades transforma a un conjunto en una comunidad. Ambas finalidades surgen de la coordinación de acciones individuales en el todo colectivo; esta coordinación es aquello que se denomina “organización”. El elemento diferenciador de la comunidad es que cada individuo es “libre”, con lo cual la pauta organizacional conlleva necesariamente un principio de asentimiento por parte del individuo. Además, la organización define jerarquías vinculadas a aspectos cuali-cuantitativos de las acciones individuales en relación al todo. El despliegue de esta compleja actividad se origina en la politicidad humana, y constituye propiamente, todo el rico arco de las acciones denominadas “política”.


[1] Aristóteles, Política, III, 6, 3 (1278b). García-Valdéz, Manuela (trad.). Madrid 1994, Gredos
[2] Aristóteles, Política, I, 7, 2 (1255b). García-Valdéz, Manuela (trad.). Madrid 1994, Gredos

miércoles, 20 de abril de 2011

El Cronista Comercial - Salud y seguridad en los hospitales

En esta columna expresamos nuestras ideas acerca de la compleja labor que la Policía Federal ha venido cumpliendo siempre con el sistema de salud de la Ciudad de Buenos Aires.
El Cronista Comercial - Salud y seguridad en los hospitales

domingo, 17 de abril de 2011

Caminata y Bicicleta: transporte activo


El sedentarismo es uno de los problemas más serios de salud para la sociedad moderna. Es claro que los seres humanos hoy en día realizamos mucha menos actividad física que nuestros antepasados, debido a la tecnología y el estilo de vida moderno. Al margen de todos los beneficios derivados del avance, la falta de actividad física afecta negativamente nuestra salud. La única solución al dilema consiste en una profunda modificación de nuestro estilo de vida y la forma en que nos transportamos, para aumentar nuestros niveles de actividad física.
Los Daños del Sedentarismo
Según la Organización Mundial de la Salud, el sedentarismo es uno de los principales factores de riesgo para la salud en todo el mundo. La falta de actividad física regular aumenta la aterosclerosis y la incidencia de enfermedad coronaria, infarto, hipertensión arterial, y diabetes.  Además entre las personas que realizan poca actividad física aumenta la incidencia de colesterol elevado.
El sedentarismo favorece la acumulación de grasa en el abdomen, y deteriora el funcionamiento de algunas hormonas que son fundamentales para manejar el azúcar de la sangre. Además, el sedentarismo hace que el corazón se desentrene y funcione de una forma menos saludable que entre las personas entrenadas.
Beneficios de la Actividad Física
La actividad física regular mejora la salud de las personas y alarga la vida. Disminuye la ocurrencia de infarto de corazón, diabetes, hipertensión arterial, colesterol elevado, y reduce la incidencia de algunos tumores como el cáncer de colon. Por otro lado la actividad física regular es muy saludable para los huesos y mantiene la fuerza muscular y la salud de las articulaciones hasta edades avanzadas. A su vez la realización de deportes grupales mejora la memoria y mantiene la mente en forma hasta edades más avanzadas. La actividad física por lo tanto, retrasa la aparición de demencia y trastornos articulares degenerativos. En las personas más jóvenes también mejora el ánimo y la sensación de bienestar.
Un Profundo Cambio
Uno de los desafíos más importantes para la civilización moderna, es cómo promover la actividad física entre las personas, especialmente entre los habitantes de las ciudades. En general la recomendación de las principales entidades médicas del mundo es realizar media hora diaria de actividad física moderada, como mínimo en el caso de los adultos, y una hora en el de los niños y adolescentes.
Las alternativas para promover este nivel de actividad física son múltiples. La primera consiste en la realización de intensa actividad física en la escuela y luego en la universidad. Deben desarrollarse políticas activas en este sentido. La segunda es la promoción de vida al aire libre, excursiones, y todo tipo de encuentros grupales deportivos. La tercer medida es la promoción del denominado transporte activo, basado en que las personas caminen hacia el trabajo o la escuela, o en su defecto utilicen la bicicleta. Una cuarta medida es la de instalación de gimnasios y otras facilidades deportivas en el área de trabajo. Otra medida importante es la modificación de las pautas dietéticas. Por último, la promoción activa del deporte desde las instancias de control de la salud.
Debemos entender que la promoción de la actividad física es un imperativo para un mundo donde la epidemia que amenaza en el horizonte es la de obesidad, que ya se ha instalado entre los niños. La obesidad y el sedentarismo podrían revertir los beneficios de la salud moderna, reduciendo la expectativa de vida de las personas. El desafío por más deporte es, entonces, un genuino compromiso con la vida.